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Cuando observamos que un niño no adapta bien el movimiento al espacio que le rodea, sufre con frecuencia pequeños accidentes, golpes, caídas que hacen pensar que no calcula las distancias, le lloran los ojos, le molesta la luz, cierra un poco los párpados cuando mira lejos o cuando, simplemente, se trata de un niño que ni se arrastró ni gateó, no es necesario que haya organizado un cuadro de T.D.A. para que acuda a un especialista en optometría funcional (o comportamental) para que realice una valoración de cómo está desarrollando las capacidades y las habilidades visuales.Un porcentaje elevado de niños con T.D.A. que hemos tratado en veinte años de historia profesional, se ha resuleto tratando el problema sensorial que los provocaba.
Ver el artículo original en el Blog de Terapias Alternativas para el Desarrollo Infantil
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