Alimentación
¿Estás seguro de que la leche es buena para tí?
Lunes 16 Noviembre 2009 - 21:01
Si bebes leche para tener huesos fuertes, ves con cuidado y cerciórate antes de que no tengas ningún tipo de intolerancia o alergia a la leche, ya que entonces en vez de aportarte calcio va a impedir la absorción del calcio de la leche, del magnesio, del hierro y todos los minerales de los alimentos que tomes. El problema es que mucha más gente de la que se piensa tiene intolerancia a la leche, ya que tenemos la idea preconcebida de que los síntomas son la diarrea o el vómito, y en cambio, pueden ir desde migraña hasta problemas digestivos, dermatológicos o respiratorios de todo tipo, y no manifestarse hasta días después de haberla ingerido.Foto de nkzs
El Dr Mouton dice en su libro "Ecosystème intestinal et santé optimale : Nouvelle approche diagnostique et thérapeutique" que la alergia es fácil de reconocer, ya que la reacción suele ser inmediata y de manifestaciones evidentes: picores o granos, choque anafiláctico, vómitos, diarrea, tos, rinitis, asma, pero siempre pocas horas después de la ingesta . Pero la intolerancia tiene una reacción lenta, se puede manifestar hasta tres días después y los transtornos suelen ser digestivos (gases, llagas, gastritis, diarrea, estreñimiento), respiratorios (tos, asma, bronquitis, sinusitis, rinitis, otitis) o incluso atacar otros tejidos, dando dolor en las articulaciones, vértigos, conjuntivitis, rampas musculares, cefaleas, irratibilidad, fatiga, etc.
La intolerancia a la leche puede ser a uno o varios de sus componentes: lactosa, caseina y lactoglobulina son los más propicios a crear intolerancias.
Para conocer si uno tiene intolerancia a la leche, en primer lugar puede preguntarse si sufre de alguna de estas enfermedades mencionadas anteriormente de forma repetitiva.
En segundo lugar, puede hacerse un análisis de intolerancias alimentarias. Existe un análisis diferente para cada componente de la leche: el del azúcar o lactosa y el de las proteinas (caseina y lactoglobulina). Para éste último existen pruebas como las que realizan los laboratorios Sabater o el ImuPro de Luxemburgo. La veracidad científica de estas pruebas todavía está en entredicho y la medicina convencional no los aprueba todavía. Todavía hay pocos estudios sobre este tema, pero los pocos que hay muestran que es una prueba fiable (Teuber, SS and C. Porch-Curren, “Unproved diagnostic and therapeutic approaches to food allergy and intolernace”). Pero muchos médicos y terapeutas, como por ejemplo los médicos de la medicina funcional, ya los utilizan.
Las causas de la intolerancia a la leche son numerosas. En primer lugar, hay que saber que genéticamente entre un 20% y un 40% de la población caucásica tiene esta intolerancia, la africana un 90% y la oriental entre medio de las dos.
Además a medida que envejecemos la lactasa o enzima que digiere la leche va disminuyendo, cosa que empieza a los 2 años, así que una gran parte de la población anciana tiene este déficit de intolerancia a la leche.
Una situación de riesgo es la introducción precoz de la leche animal o leche artificial maternalizada a los bebés. La inmadurez de la barrera intestinal y de los mecanismos de defensa inmunitario del recién nacido no toleran ningún otro tipo de alimento que no sea la leche materna. Incluso las madres deben abstenerse de tomar leche de vaca ya que pueden transmitir en su leche pequeñas cantidades de B-lactoglobulina (Vanderplas, Y., “Myths and facts about breastfeeding: does it prevent later atopic disease?”)
El Dr. Mouton explica en su libro que la consecuencia más importante que deriva de una intolerancia a la leche es el “leaky gut” o transtorno de la permeabilidad intestinal, demostrado por los estudios de Kirjavainen, P.V. et al “New aspects of probiotics- a novel approach in the management of food allergy” y Kalach, N et al “Intestinal permeability in children: variation with age and reliability in the diagnosis of cow’s milk allergy”.
El aumento de la permeabilidad intestinal o “leaky gut” es una enfermedad en que se deteriora la pared intestinal y la absorción de alimentos no se produce correctamente y en cambio se dejan pasar a la sangre toxinas, antígenos, patógenos y alimentos parcialmente digeridos.
Una de las consecuencias de un leaky gut debido a una intolerancia a la leche es una carencia en minerales: falta de calcio, y por lo tanto, osteoporosis; falta de hierro, y por lo tanto anemia; magnesio, por lo tanto rampas musculares, etc.
Otra consecuencia del leaky gut es la entrada masiva de antígenos en la sangre, la cual provoca asma, eczema o alergias en la piel, rinitis, etc. El artículo de Oddy, W.H. et al “Association between breast feeding and asthma in 6 year old children” aparecido en 1999 ya demostraba que la introducción de una leche diferente a la maternal antes de los 4 mesos constituía un factor de riesgo significativo para todas las afecciones atópicas, como el asma, entre los niños de 6 años.
La entrada masiva de antígenos puede provocar también afecciones auto-inmunitarias, como la diabetes de tipo I. Hay numerosas investigaciones para encontrar la causa de este hecho, parece ser que la más convincente es la de Elliott, R.B. et al “Cow milk feeding induces antibodies to insulin in children”.
Otra alteración del sistema inmunitario debido al leaky gut por intolerancia a la leche es la inflamación. Entre ellas, podemos encontrar la producción excesiva de mucosidades en las vías respiratorias superiores, lo cual se manifiesta como sinusitis y la mucosidad constante en niños pequeños. Pero también otras inflamaciones como la poliartritis reumatoide en las personas de edad avanzada, como demuestra el artículo de Darlington, L.G, N.W. Ramsey, and J. R. Mansfield, “Placebo-controlled, blind study of dietary manipulation therapy in rheumatoid arthritis”.
Otras consecuencias de la intolerancia a la leche es el estreñimiento crónico tal y como descubre Icono G. et al “Intolerance of cow’s milk and chronic constipation in children” y el reflujo gastro-esofágico (Cavataio, F., A. Carroccio and G. Iacono, “Milk induced reflux in infants less than one year of age”).
¿Qué hacer cuando se tiene intolerancia a la leche? En primer lugar, ir a un médico para cerciorarse de que se tiene este problema. Si no encuentras ningún médico convencional que tome en serio estas intolerancias, ya que no lo suelen hacer, ves a un naturópata.
Además de hacer una dieta sin productos lácticos, para recuperar tu flora intestinal tendrás que tomar probióticos, y quizás algún medicamento natural que te ayude a restaurar el equilibrio en el caso de que también tengas una proliferación desmesurada de alguna bacteria u hongo (disbiosis intestinal).
En este caso, te preguntarás: ¿cómo obtendré el calcio que necesito? En este otro artículo puedes encontrar algunas ideas. Y también puedes leer 20 razones por las que recomiendo no tomar leche.
La intolerancia a la leche puede ser a uno o varios de sus componentes: lactosa, caseina y lactoglobulina son los más propicios a crear intolerancias.
Para conocer si uno tiene intolerancia a la leche, en primer lugar puede preguntarse si sufre de alguna de estas enfermedades mencionadas anteriormente de forma repetitiva.
En segundo lugar, puede hacerse un análisis de intolerancias alimentarias. Existe un análisis diferente para cada componente de la leche: el del azúcar o lactosa y el de las proteinas (caseina y lactoglobulina). Para éste último existen pruebas como las que realizan los laboratorios Sabater o el ImuPro de Luxemburgo. La veracidad científica de estas pruebas todavía está en entredicho y la medicina convencional no los aprueba todavía. Todavía hay pocos estudios sobre este tema, pero los pocos que hay muestran que es una prueba fiable (Teuber, SS and C. Porch-Curren, “Unproved diagnostic and therapeutic approaches to food allergy and intolernace”). Pero muchos médicos y terapeutas, como por ejemplo los médicos de la medicina funcional, ya los utilizan.
Las causas de la intolerancia a la leche son numerosas. En primer lugar, hay que saber que genéticamente entre un 20% y un 40% de la población caucásica tiene esta intolerancia, la africana un 90% y la oriental entre medio de las dos.
Además a medida que envejecemos la lactasa o enzima que digiere la leche va disminuyendo, cosa que empieza a los 2 años, así que una gran parte de la población anciana tiene este déficit de intolerancia a la leche.
Una situación de riesgo es la introducción precoz de la leche animal o leche artificial maternalizada a los bebés. La inmadurez de la barrera intestinal y de los mecanismos de defensa inmunitario del recién nacido no toleran ningún otro tipo de alimento que no sea la leche materna. Incluso las madres deben abstenerse de tomar leche de vaca ya que pueden transmitir en su leche pequeñas cantidades de B-lactoglobulina (Vanderplas, Y., “Myths and facts about breastfeeding: does it prevent later atopic disease?”)
El Dr. Mouton explica en su libro que la consecuencia más importante que deriva de una intolerancia a la leche es el “leaky gut” o transtorno de la permeabilidad intestinal, demostrado por los estudios de Kirjavainen, P.V. et al “New aspects of probiotics- a novel approach in the management of food allergy” y Kalach, N et al “Intestinal permeability in children: variation with age and reliability in the diagnosis of cow’s milk allergy”.
El aumento de la permeabilidad intestinal o “leaky gut” es una enfermedad en que se deteriora la pared intestinal y la absorción de alimentos no se produce correctamente y en cambio se dejan pasar a la sangre toxinas, antígenos, patógenos y alimentos parcialmente digeridos.
Una de las consecuencias de un leaky gut debido a una intolerancia a la leche es una carencia en minerales: falta de calcio, y por lo tanto, osteoporosis; falta de hierro, y por lo tanto anemia; magnesio, por lo tanto rampas musculares, etc.
Otra consecuencia del leaky gut es la entrada masiva de antígenos en la sangre, la cual provoca asma, eczema o alergias en la piel, rinitis, etc. El artículo de Oddy, W.H. et al “Association between breast feeding and asthma in 6 year old children” aparecido en 1999 ya demostraba que la introducción de una leche diferente a la maternal antes de los 4 mesos constituía un factor de riesgo significativo para todas las afecciones atópicas, como el asma, entre los niños de 6 años.
La entrada masiva de antígenos puede provocar también afecciones auto-inmunitarias, como la diabetes de tipo I. Hay numerosas investigaciones para encontrar la causa de este hecho, parece ser que la más convincente es la de Elliott, R.B. et al “Cow milk feeding induces antibodies to insulin in children”.
Otra alteración del sistema inmunitario debido al leaky gut por intolerancia a la leche es la inflamación. Entre ellas, podemos encontrar la producción excesiva de mucosidades en las vías respiratorias superiores, lo cual se manifiesta como sinusitis y la mucosidad constante en niños pequeños. Pero también otras inflamaciones como la poliartritis reumatoide en las personas de edad avanzada, como demuestra el artículo de Darlington, L.G, N.W. Ramsey, and J. R. Mansfield, “Placebo-controlled, blind study of dietary manipulation therapy in rheumatoid arthritis”.
Otras consecuencias de la intolerancia a la leche es el estreñimiento crónico tal y como descubre Icono G. et al “Intolerance of cow’s milk and chronic constipation in children” y el reflujo gastro-esofágico (Cavataio, F., A. Carroccio and G. Iacono, “Milk induced reflux in infants less than one year of age”).
¿Qué hacer cuando se tiene intolerancia a la leche? En primer lugar, ir a un médico para cerciorarse de que se tiene este problema. Si no encuentras ningún médico convencional que tome en serio estas intolerancias, ya que no lo suelen hacer, ves a un naturópata.
Además de hacer una dieta sin productos lácticos, para recuperar tu flora intestinal tendrás que tomar probióticos, y quizás algún medicamento natural que te ayude a restaurar el equilibrio en el caso de que también tengas una proliferación desmesurada de alguna bacteria u hongo (disbiosis intestinal).
En este caso, te preguntarás: ¿cómo obtendré el calcio que necesito? En este otro artículo puedes encontrar algunas ideas. Y también puedes leer 20 razones por las que recomiendo no tomar leche.
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